La madre tomó a la hija y a la sobrina del brazo y las arrastró de vuelta a la mesa de la cena, sin decir una palabra. Los dos hombres las siguieron, avergonzados, mientras los demás comensales miraban extrañados. El padre, el abuelo y las tías dejaron los cubiertos a un lado. “¿Qué está pasando?”, preguntó el padre con voz severa. La madre, aún con el rostro rojo de la ira, señaló a las chicas y dijo: “¡Las encontré en el baño con estos dos muchachos!”.
La confesión de las chicas
La hija, secándose las lágrimas, se armó de valor y habló: “Mamá, ellos no son desconocidos. Es mi novio… y el novio de mi prima. Queríamos presentároslos en la cena como sorpresa. Fuimos al baño a arreglarnos el maquillaje y ellos nos esperaban afuera, nada más”. La sobrina asintió temblando. Los dos muchachos se acercaron, extendieron la mano y saludaron con respeto. La madre se quedó paralizada, sin saber qué decir.
El padre lo sabía todo
Entonces el padre se puso de pie, tosió y confesó: “Yo los invité. Las chicas me pidieron ayuda para organizar la sorpresa y yo acepté”. La madre lo miró incrédula. “¿Tú también estabas en esto? ¡Y me dejaste humillar a todos!”, exclamó. El padre encogió los hombros con una sonrisa: “Tú siempre reaccionas primero y preguntas después, mi amor. Esta vez te tocó aprenderlo a la mala”. La mesa entera rompió a reír, aliviada.
La disculpa
La madre, con la vergüenza pintada en el rostro, se acercó a las chicas y las abrazó. “Perdónenme, hijas. Reaccioné sin pensar. Tengo un carácter… ya lo saben”, dijo con la voz quebrada. Luego le dio la mano a cada uno de los muchachos y los invitó a sentarse a la mesa. “Bienvenidos a la familia. Ahora sí, cuéntenme: ¿de dónde son, a qué se dedican?”. El ambiente se relajó y la cena continuó con conversación y risas.
La sorpresa final
Cuando todos creían que la noche había terminado, uno de los muchachos se puso de pie, sacó una pequeña caja de su bolsillo y miró a la hija. “Hay algo más que quería anunciar esta noche…”, comenzó. La madre abrió los ojos como platos, el padre se quedó sin aliento y las chicas se miraron. Pero justo en ese momento, la luz del restaurante se apagó por completo. En la oscuridad, alguien susurró: “Esto no se acaba aquí. La tercera parte te espera…”. ¿Quieres que siga con la parte 3 o que convierta esta segunda parte en video?