A mediados de septiembre de 2026, Polo comenzó como una perturbación tropical frente a la costa del Pacífico mexicano. El 20 de septiembre se convirtió en depresión tropical y, apenas un día después, ya era tormenta tropical. Pero lo más impresionante estaba por ocurrir: comenzó una intensificación extremadamente rápida que llamó la atención de los meteorólogos.
Sus vientos aumentaron de manera impresionante
En un periodo de apenas 24 horas, los vientos máximos sostenidos de Polo aumentaron alrededor de 95 nudos, unos 176 kilómetros por hora, alcanzando aproximadamente 180 mph (290 km/h) y categoría 5. Un análisis preliminar de NOAA situó este incremento como el tercero más rápido registrado en el Pacífico oriental.
El océano proporcionó condiciones ideales
NASA explicó que Polo se desplazó sobre aguas excepcionalmente cálidas, con temperaturas superficiales de hasta 32 °C, mientras que gran parte de la zona superaba los 27,8 °C, una temperatura favorable para mantener e intensificar huracanes. Además, había poca cizalladura del viento, abundante humedad y condiciones atmosféricas favorables.
Los satélites captaron un huracán impresionante
Los satélites de NASA y NOAA observaron un sistema con un ojo claramente definido y una enorme estructura nubosa. Cuando NASA obtuvo una imagen de Polo el 23 de septiembre, el huracán se encontraba frente a Guerrero, al suroeste de Acapulco, y tenía vientos de unos 230 km/h, después de debilitarse ligeramente durante un ciclo de reemplazo de la pared del ojo.
Un caso que volvió a llamar la atención sobre la rápida intensificación
Polo se convirtió en un ejemplo notable de lo rápido que puede cambiar un ciclón tropical cuando coinciden varios factores ambientales. NOAA señaló que su intensificación fue extraordinaria, mientras que NASA destacó que no debe atribuirse automáticamente este comportamiento únicamente a El Niño: otros huracanes extremadamente intensos del Pacífico también han experimentado procesos similares bajo diferentes condiciones climáticas.