✨ Lo que realmente pasó al cerrar el restaurante…
Ya habíamos terminado el servicio de la cena, los meseros se habían ido a sus casas y la cocina principal estaba en completo silencio. Yo estaba guardando mis cuchillos y limpiando mi estación cuando el Chef Ejecutivo apagó las luces generales, dejando encendida únicamente la luz cálida de la barra de emplatado.
Se me acercó despacio, se apoyó sobre la mesa de acero inoxidable y me dijo con un tono de voz súper serio que me dejó helada:
“Llevas meses demostrando una técnica impecable, pero para lo que viene necesitamos algo más que técnica… necesitamos audacia pura. La competencia es este fin de semana, no podemos postergarlo más y te necesito a mi lado para esto”.
Por un segundo se me aceleró el corazón y me imaginé cualquier otra cosa… pero en ese preciso instante encendió los hornos de precisión y reveló el verdadero misterio: resulta que fuimos seleccionados para representar al restaurante en el Mundial de Repostería y Chocolataduría Fina.
La propuesta «intensa» era someternos a un entrenamiento de resistencia: encerrarnos durante toda la madrugada a trabajar completamente a ciegas —usando antifaces— para afinar nuestro sentido del tacto y del gusto.
El objetivo es aprender a temperar chocolate amargo artesanal únicamente sintiendo su textura y temperatura manual, para crear una escultura de azúcar soplado de un metro de altura antes del amanecer.
Al principio me dio muchísima risa la atmósfera de misterio que montó para decírmelo y cómo me hizo dudar por un segundo, pero la idea de representar al equipo y ganar la medalla de oro me fascinó.
¡Así que este fin de semana me toca pasarlo entre cocoa, fuego directo y degustaciones a ciegas hasta lograr la escultura perfecta! 👩🏽🍳🍫🔥✨