A comienzos de septiembre de 2026, una intensa tormenta de polvo cubrió partes de Malí y países vecinos de África occidental, en un momento del año en que normalmente la actividad de estas tormentas comienza a disminuir. La NASA publicó las imágenes del fenómeno el 10 de septiembre.
El satélite Terra, utilizando el instrumento MODIS, captó el fenómeno el 5 de septiembre. En las imágenes se observa una enorme masa de polvo extendiéndose sobre el territorio, ocultando parcialmente el paisaje debajo de la nube.
Según Tianle Yuan, científico atmosférico del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA, este tipo de tormentas puede estar relacionado con los llamados haboobs, enormes paredes de polvo levantadas por fuertes corrientes de viento asociadas a tormentas convectivas.
Pero el fenómeno no terminó simplemente sobre tierra. En los días posteriores, las imágenes satelitales mostraron que parte de los aerosoles procedentes de la región se desplazaron hacia el oeste, sobre el océano Atlántico. La NASA señala, sin embargo, que un cruce completo del Atlántico es poco probable en este caso.
El polvo del Sahara y del Sahel puede recorrer enormes distancias en la atmósfera. Estas partículas pueden afectar la calidad del aire y también tienen efectos sobre otros sistemas naturales, pero esta tormenta concreta no significa que el polvo vaya a cubrir América ni que represente una amenaza mundial.
🌎 ¿Y qué tiene que ver El Niño?Los científicos también están observando cómo el fenómeno El Niño que se está desarrollando podría modificar los patrones de polvo en el Sahel y Malí. Puede alterar la posición de la Zona de Convergencia Intertropical y cambiar los patrones de convección y humedad. Sin embargo, la NASA advierte que la relación es compleja y que no se puede atribuir automáticamente un evento individual a El Niño.
🌪️ Lo más impresionante: una tormenta que comenzó a miles de kilómetros de distancia puede levantar suficiente polvo como para que los satélites puedan observar claramente la enorme nube desde el espacio.
👉 La NASA continúa utilizando satélites para estudiar cómo estas gigantescas nubes de polvo se forman, se desplazan y afectan a la atmósfera y al clima.